El alimento de los dioses
El alimento de los dioses «Mi padre cree, y yo también, que vendrá el dÃa en que la pequeñez habrá desaparecido por completo entre los hombres, en que los gigantes podrán ir libremente por esta tierra —su tierra— haciendo cosas cada vez más grandiosas y más espléndidas. Pero esto… eso está aún por venir. No somos ni siquiera la primera generación de este nuevo mundo… somos sólo los primeros experimentos.
—¡Yo no sabÃa nada de todo eso! —afirmó ella—. A veces me parece como si hubiéramos llegado demasiado pronto. Pero alguien tenÃa que ser el primero, supongo.
Sin embargo, el mundo no estaba preparado para nuestra llegada y la de todas estas grandes pequeñeces que toman su grandeza del Alimento. Ha habido equivocaciones, ha habido conflictos. Los hombres pequeños aborrecen nuestra raza…
«Son crueles con nosotros precisamente porque son tan pequeños… Y también porque nuestros pies pesan mucho sobre todo aquello que constituye sus vidas. Pero, sea como sea, actualmente nos odian, no nos quieren ni quieren saber nada de nosotros… sólo si pudiéramos encogernos y volver al tamaño corriente empezarÃan a perdonarnos…