El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —ExplÃcamelo —repitió.
Y el joven Redwood, trémulo y excitado, empezó a explicarle, de una manera muy pobre y con voz entrecortada al principio, lo del Alimento de los Dioses y de los gigantes dispersos por el mundo.
Os podéis figurar a los dos, ruborizados, sobresaltados, dándose cuenta recÃprocamente del significado de lo que decÃa el interlocutor a través de frases entrecortadas, entendidas a medias y pronunciadas, también a medias, de repeticiones, de perplejidades, de interrupciones, de nuevos puntos de partida en la conversación… charla en la que ella despertó de la ignorancia de su vida. Y muy lentamente se aclaró en su mente la idea de que no era ninguna excepción dentro del orden de la humanidad, sino un ejemplar de una dispersa hermandad cuyos componentes habÃan comido el Alimento y se habÃan desarrollado hasta rebasar los lÃmites reducidos de la gente que vivÃa bajo sus plantas. El joven Redwood habló de su padre, de Cossar, de los Hermanos esparcidos por el paÃs, de la gran aurora de amplÃsimo significado aparecida por fin en la historia del mundo.
—Estamos en el principio del principio —afirmó Redwood—. Este mundo de ellos es sólo el preludio del mundo que producirá el Alimento…