El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Por entero ignorante del curso de los acontecimientos, ignorante de las leyes que estaban acorralando a sus Hermanos y a él mismo, ignorante incluso de la existencia de otro semejante sobre la faz de la tierra, el joven Caddles eligió aquellos momentos para salir de su cantera de pizarra y ver el mundo. Sus meditaciones lo condujeron finalmente a esta determinación. No obtenÃa respuesta a ninguna de sus preguntas en Cheasing Eyebright; el nuevo vicario era aún menos lúcido que el anterior, y el enigma de su trabajo insustancial llegó a alcanzar dimensiones de verdadera exasperación.
«¿Por qué razón tengo que trabajar en esta cantera dÃa tras dÃa? —se preguntaba—. ¿Por qué razón puedo andar sólo dentro de ciertos lÃmites y me son negadas todas las maravillas del mundo de más allá? ¿Qué he hecho yo para merecer esta condena?». Y un dÃa se levantó, irguió la espalda y dijo, dando una voz: —¡No…!
