El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Bensington fue verdaderamente un hombre dichoso aquel dÃa. Estaba dispuesto a no encontrar faltas en ningún detalle avÃcola. El brillo de aquel dÃa ponÃa de relieve más vivamente de lo que habÃa podido notar hasta entonces, la acumulada suciedad y desidia de los Skinner. Pero sus comentarios fueron amabilÃsimos. Las cercas de varios de los gallineros estaban estropeadas, pero Bensington pareció considerar totalmente satisfactoria la explicación de Skinner, cuando éste le dijo que era a causa de «una zorra o un perro o algo acû. Bensington se limitó a indicar que no se habÃa limpiado la incubadora.
—Muy cierto, ceñor —repuso Skinner con los brazos cruzados y sonriendo astutamente por debajo de la nariz—. No hemoz tenido tiempo de limpiarla dezde que vinimoz aquÃ…