El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Bensington hizo su habitual inspección general del lugar, pero volvió rápidamente al gallinero. Aquello era, en verdad, mucho más de lo que se habÃa atrevido a esperar. ¡El curso de la ciencia es tan tortuoso y lento! Después de las más claras promesas y antes de que pueda llegarse a la realización práctica, transcurren, por regla general, años y años de intrincados planes y preparativos… ¡y he aquà que el Alimento de los Dioses llegaba a la práctica después de menos de un año de pruebas! ParecÃa demasiado…, demasiado bueno. ¡Aquellas Esperanzas Aplazadas que constituyen el alimento cotidiano de la imaginación cientÃfica ya no lo obsesionarÃan más! AsÃ, al menos, lo creÃa. Volvió otra vez al gallinero y se quedó de nuevo boquiabierto ante aquellos estupendos pollos de su creación.
—Vamos a ver —dijo—. Tienen diez dÃas. Y, comparados con un polluelo ordinario, me imagino que serán… seis o siete veces más grandes…
—Ya ez hora que noz dé un aumento de zalario —dijo Skinner a su esposa—. Eztá contento como unaz pazcuaz por el modo como hemoz criado a aquelloz pollueloz de allá abajo… Eztá contento como unaz pazcuaz.
Se inclinó confidencialmente hacia ella y dijo, tapándose la boca con la mano:
—Cree que ce debe a ece alimento que lez da.
E hizo un ruido de risa reprimida en su cavidad farÃngea…