El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Pero no ceguirán creciendo de ezta forma —objetó Skinner.
—¿No?
—No —afirmó—. Ya conozco ezo. Empiezan primero muy lozanoz, pero luego ce eztancan.
Hubo una pausa.
—Zon loz cuidadoz nueztroz —dijo Skinner, modestamente.
Bensington enfocó los lentes sobre él, de repente.
—TenÃamoz unoz caci tan grandez en el otro citio donde estuvimoz —dijo Skinner con su ojo bueno piadosamente elevado y cogiendo algo de confianza— yo y mi ceñora.