El alimento de los dioses
El alimento de los dioses El joven lo miró interrogativamente.
—¿Los otros gigantes?
El joven no simuló no comprenderlo. Bajó el tono de la voz:
—Trece, señor, han muerto.
—¿Y los otros están heridos?
—SÃ, señor.
—¿Y Caterham —preguntó ahogándosele la voz— quiere entrevistarse conmigo? ¿Dónde están los demás?
—Algunos pudieron penetrar en el campamento durante la lucha, señor… Parece como si hubieran sabido…
—¡Pues claro que lo sabÃan! Si no hubiese sido por Cossar… ¿Está con ellos Cossar?
—SÃ, señor. Y todos los gigantes supervivientes están también allÃ… Los que no entraron en el campo durante la lucha han ido allà o están yendo ahora, bajo la bandera de la tregua.
—Esto significa —dijo Redwood— que ustedes han sido derrotados.
—No estamos derrotados. No, señor. No puede usted decir que nos hayan derrotado. Pero sus hijos han quebrantado las reglas de la guerra. Anoche por primera vez, y ahora de nuevo.