El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Además, no obstante el esfuerzo que sobre él pesaba, a pesar del hecho de no tener razón y de ser una docena de años más joven que Redwood, aquella cualidad que habÃa en él —algo que podrÃamos llamar magnetismo personal por falta de una palabra mejor— que le habÃa hecho abrirse camino hasta llegar a la eminencia del desastre, seguÃa notándose en todo su ser. Con esto tampoco habÃa contado Redwood. Ya desde el principio, en cuanto al curso y dirección de la conversación, prevaleció Caterham sobre Redwood. Las caracterÃsticas de la primera fase de la entrevista fueron determinadas por él, y el tono y los procedimientos empleados fueron también de su iniciativa. Aquello sucedió como si fuera la cosa más natural del mundo.
Todos los proyectos de Redwood se desvanecieron ante su presencia. Le estrechó la mano antes de que Redwood recordara que se habÃa propuesto evitar aquella familiaridad. Dio la tónica de su conferencia de un modo seguro y claro presentándola como una búsqueda de expedientes en una catástrofe común.
Si cometió algún error fue las veces que se dejó dominar por la fatiga y dejó de prestar una atención inmediata, dejándose llevar por el hábito propio de un mitin. Luego se irguió —durante toda la entrevista los dos personajes permanecieron de pie— y, apartando la mirada de Redwood, empezó a defenderse y a justificarse. En una ocasión incluso se le escapó: