El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Precisamente. Los hijos son para nosotros. Y asÃ, señor, salvaremos al mundo, lo salvaremos por completo de los frutos de su terrible descubrimiento. No es aún demasiado tarde. Sólo que estamos dispuestos a suavizar la rapidez de ejecución con la clemencia. Ahora mismo estamos quemando y chamuscando los sitios afectados por los obuses que dispararon ayer. Podemos neutralizar sus efectos. Esté usted seguro de que podemos neutralizarlos. Pero sin crueldades, sin injusticias…
—¿Y si los Niños no aceptan?
Por primera vez, Caterham miró a Redwood cara a cara.
—¡Deben aceptar!
—Yo no creo que acepten.
—¿Y por qué no? —preguntó Caterham con un estupendo tono de asombro.
—Supongamos que no acepten.