El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —No quiero discutir —dijo Redwood—. Debo ir a ver a nuestros hijos. Quiero ir a ver a mi hijo. Por eso he venido a verle usted. Dígame exactamente cuál es su oferta.
Caterham hizo un discurso sobre sus condiciones.
A los Niños del Alimento se les adjudicaría un gran territorio, en Norteamérica o en África, donde pudieran vivir sus vidas del modo que mejor les pareciese.
—¡Esto es una sandez…! —gritó Redwood—. Hay otros gigantes en el extranjero. ¡En toda Europa… por doquier!
—Podría establecerse una convención internacional. No sería imposible. Ya se ha hablado de algo semejante… Pero en este territorio de reserva, ellos podrían seguir su vida a su manera. Podrían hacer lo que quisieran, podrían fabricar lo que les diese la gana. Nosotros nos sentiríamos muy satisfechos si quisieran fabricar objetos. Pueden ser muy dichosos allí. ¡Piénselo!
—A condición de que no haya más descendencia.