El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Caterham se aprovechó de aquella concesión. Volvió la cara hacia Redwood y su voz descendió a un tono de razonable persuasión. Aquello ya podría determinarse más adelante. Era, según Caterham, una cuestión totalmente subsidiaria. Y prosiguió estipulando:
—Y exceptuando la vida de ellos y el lugar donde se hallen, nosotros deberemos poseer el absoluto control y el Alimento y todos los Frutos del Alimento deberán ser aniquilados…
Redwood comenzó a regatear.
—¿Y la princesa?
—Es cuestión aparte.
—No —replicó Redwood luchando para volver a su terreno inicial—. Sería absurdo.
—Eso ya vendrá luego. De todos modos, estamos de acuerdo en que la fabricación del Alimento debe cesar…
—Yo no estoy para nada de acuerdo con eso. Yo no he dicho nada…
—¡Pero no puede ser que en un solo planeta haya dos razas de hombres, una grande y otra pequeña! ¡Considere lo que ya ha ocurrido! ¡Considere que esto es sólo una pequeña demostración de lo que puede ocurrir si este Alimento sigue haciendo de las suyas! ¡Considere todo lo que usted ha hecho sufrir ya a este mundo! Si tiene que haber una raza de gigantes que vayan creciendo y multiplicándose…