El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Esto es precisamente lo que estoy pensando —repitió—. Esta Heracleoforbia será una sustancia muy difÃcil de manejar. ¡Al ritmo que este pollo ha crecido…!
—Un niño que crezca al mismo ritmo… —susurró lentamente Bensington, mirando al pollo mientras hablaba—. ¡Lo dije! —exclamó—. Será algo grandioso.
—Le administraré dosis cada vez más pequeñas —dijo Redwood—. O lo hará Winkles.
—SerÃa llevar demasiado lejos el experimento.
—Bastante lejos.
—Y, sin embargo, ¿sabe usted?, debo confesar que… tarde o temprano algún niño tenÃa que someterse a la prueba.
—Claro que lo probaremos en algún niño… ¡Seguro!
—Desde luego —aprobó Bensington, acercándose al fuego y quitándose los lentes para limpiarlos con el pañuelo.
—Hasta que vi a esos pollos no creo que me haya dado cuenta cabal, Redwood, de ninguna de las posibilidades que entrañaba lo que estábamos haciendo. Sólo ahora empiezan a asomar en mi mente las… posibles consecuencias…
E incluso entonces, Mr. Bensington estaba muy lejos de tener idea del revuelo que aquel experimento iba a provocar.