El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Pocas dudas caben de que, mientras Skinner administraba a los pollos de Bensington la Heracleoforbia IV, un gran número de avispas se hallaban trabajando casi industrialmente —o quizá más— en el acarreo de grandes cantidades de la misma pasta a sus primeras crÃas de verano en los bancos de arena, más allá de los pinares adyacentes. Y es indiscutible que aquellas precoces crÃas crecieron y se beneficiaron tanto de aquella sustancia como las gallinas de Bensington. Está en la naturaleza de la avispa que alcance la madurez efectiva antes que el ave del corral, y, en realidad, de todas las criaturas que compartÃan, gracias al generoso descuido de los Skinner, los beneficios que Bensington habÃa querido verter sobre sus gallinas, las avispas fueron las destinadas a ser las primeras en hacer ruidoso acto de presencia.