El alimento de los dioses
El alimento de los dioses En Aldington Knoll dispersó un picnic en el campo. Todos los dulces y la mermelada quedaron consumidos en un santiamén y un cachorrillo de perro fue muerto y despedazado, cerca de Whitstable, bajo los mismos ojos de su dueña…
Aquella noche las calles resonaron con la noticia, los anuncios de los periódicos advirtieron exclusivamente, con numerosos titulares de gran tamaño, la aparición de las «Avispas Gigantes de Kent».
Los directores de periódicos y los redactores jefes, aguadísimos, se lanzaron arriba y abajo de tortuosas escaleras, gritando un sinfín de cosas sobre las avispas.
Y el profesor Redwood, al salir de su colegio en Bond Street, a las cinco, con el rostro colorado, después de una acaloradísima discusión con la junta acerca del precio de los terneros, compró un periódico de la tarde, lo abrió, se le demudó el rostro, olvidó inmediatamente el asunto de los terneros y de la junta y cogió un cabriolé para dirigirse al piso de Bensington.