El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Algunos le han hecho reproches al pobre hombre; pero, por mi parte, hasta que conozca mejor lo que puede dar de sà mi propio valor, vacilo en unirme a los que lo censuran.
El doctor aulló y golpeó la puerta…
El ladrillero dice que el hombre lloraba de terror cuando, por fin, se abrió la puerta.
—¡Cierre! —musitó el médico—. ¡Cierre…!
No pudo terminar la frase: «Cierre la puerta y eche el cerrojo».
Intentó ayudar al ladrillero a cerrar, pero no hizo otra cosa que estorbar, tuvo que sentarse en una silla junto al reloj, mientras el dueño de casa aseguraba la puerta.
—¡No sé lo que son! —repitió varias veces— ¡No sé lo que son! —con un «son» de tono muy agudo.
El ladrillero le ofreció whisky, pero el médico no permitió que lo dejara sólo con aquella luz vacilante en aquellos momentos.
Pasó un buen rato antes de que pudiera convencerle que lo dejase ir arriba.