El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo —Davidson —le pregunté—, ¿qué diablos te pasa?
Miró a su alrededor por todas partes.
—JurarÃa que era Bellows. ¿Por qué no das la cara como un hombre, Bellows?
Se me ocurrió que debÃa de haberse quedado ciego de repente. Di la vuelta a la mesa y le puse la mano en el brazo. Jamás en toda mi vida vi un hombre tan alarmado. Se separó de mà bruscamente, adoptando una actitud defensiva, con la cara descompuesta por el terror.
—¡Dios mÃo! —gritó—. ¿Qué ha sido eso?
—Soy yo, Bellows. ¡Maldita sea, Davidson!
Dio un salto cuando le respondà y miró fijamente, ¿cómo lo dirÃa?, a través de mÃ. Comenzó a hablar, no a mÃ, sino consigo mismo.
—AquÃ, a plena luz del dÃa en una playa abierta. Ni un sitio donde esconderse —miró a su alrededor desesperadamente—. ¡AquÃ! Ya no se me ve.
De repente se volvió y fue a darse de bruces contra el electroimán grande, con tanta fuerza que, como descubrimos después, se hizo serias magulladuras en los hombros y la mandÃbula. Al hacerlo retrocedió un paso y gritó casi sollozando:
—¡Santo cielo! ¿Qué me ha pasado?
Estaba de pie, pálido de terror y temblando violentamente, con el brazo derecho apretando el izquierdo en la parte golpeada contra el imán.