El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Los deformados restos de Holroyd, que el electricista retiró de la máquina, fueron rápidamente cubiertos por el portero con un mantel manchado de café. Alguien tuvo la feliz ocurrencia de ir a buscar un médico. Lo que realmente preocupaba al experto era poner de nuevo en funcionamiento la máquina, pues siete u ocho trenes estaban parados en medio de los sofocantes túneles del ferrocarril eléctrico. Asà que hizo volver rápidamente al fogón a Azuma-zi, que estaba respondiendo o equivocando las preguntas de la gente que por autoridad o atrevimiento habÃa entrado en el cobertizo. Por supuesto una muchedumbre se congregó a las puertas del patio —en Londres, por razones desconocidas, siempre hay una multitud rondando durante un dÃa o dos junto al escenario de una muerte repentina—, dos o tres reporteros se colaron de alguna forma en el cobertizo, y uno llegó hasta Azuma-zi, pero el experto, que era también periodista aficionado, los sacó de allÃ.