El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Siendo como era hombre de natural retraído y modesto, el señor Watkins decidió realizar la visita de incógnito y, tras considerar debidamente las condiciones de la empresa, escogió el papel de pintor de paisajes y el nada comprometido apellido de Smith. Precedió a su ayudante, quien, según se decidió, no se le uniría hasta la última tarde de su estancia en Hammerpond.
Ahora bien, el pueblecito de Hammerpond es uno de los rincones más bellos de Sussex. Todavía sobreviven muchas casas con tejado de paja; la iglesia, construida en pedernal y con la alta aguja de la torre anidando bajo la colina es una de las más finas y menos restauradas del país, y los bosques de hayas y junglas de helecho por los que discurre la carretera hasta la gran mansión son especialmente ricos en lo que los artistas y fotógrafos vulgares llaman estampitas. De forma que cuando llegó el señor Watkins con dos lienzos vírgenes, un caballete flamante, una caja de pintura, baúl de viaje, una ingeniosa escalerilla construida por secciones —siguiendo el modelo del difunto y llorado maestro Charles Peace—, palanca y rollos de alambre se encontró con que le daban la bienvenida con efusión y cierta curiosidad media docena de otros hermanos del pincel. Esto convirtió en inesperadamente plausible el disfraz que había escogido, pero le obligó a soportar una cantidad considerable de conversación estética para la que estaba muy mal preparado.