El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo —En cualquier caso la mansión estará allÃ. Yo voy, ya sabe, a pintar primero la casa y después la luna.
—¡Oh! —exclamó Porson demasiado sorprendido para continuar la conversación.
—Aseguran —intervino el viejo Durgan, el dueño del bar, que habÃa mantenido un respetuoso silencio durante la conversación técnica— que hay no menos de tres policÃas procedentes de Hazelworth de servicio en la mansión a causa de las joyas de la tal Lady Aveling. Uno de ellos le ganó cuatro chelines y seis peniques al segundo mayordomo a cara o cruz.
Al dÃa siguiente hacia el crepúsculo el señor Watkins, lienzo virgen, caballete y una caja muy considerable con otros utensilios en la mano, caminó por el agradable sendero a través de los bosques de hayas hacia el parque de Hammerpond y clavó su aparato en una posición que dominaba la mansión. Allà fue observado por el señor Raphael Sant, que volvÃa de un estudio de las canteras de creta cruzando el parque. Habiéndole picado la curiosidad lo que Porson relataba del recién llegado, se dio la vuelta con la idea de discutir el arte nocturno.