El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo —Ése es el vestidor —explicó a su ayudante—, y tan pronto como la doncella se lleve la vela y baje a cenar haremos una visita. ¡Caramba! ¡Qué bonita está la mansión a la luz de las estrellas y con todas las ventanas y luces! Que me aspen, Jim, si ahora no me gustarÃa ser un pintor de ésos. Encárgate de poner el alambre cruzando el sendero desde la lavanderÃa. Se acercó cautelosamente a la mansión hasta que estuvo bajo la ventana del vestidor y comenzó a ensamblar la escalera plegable. Era un profesional demasiado experimentado para sentir ninguna excitación desacostumbrada. Jim estaba explorando el salón de fumar. De repente, muy cerca del señor Watkins, en los arbustos, hubo un choque violento y una maldición sofocada. Alguien habÃa tropezado con el alambre que su ayudante acababa de poner. Oyó pies que corrÃan por el sendero de grava de más allá. El señor Watkins, como todo buen artista, era particularmente tÃmido, y sin poder contenerse dejó caer la escalera plegable y empezó a correr prudentemente por los arbustos. Era confusamente consciente de que dos personas venÃan pisándole los talones y creyó que distinguÃa el contorno de su ayudante delante de él. En otro instante habÃa saltado el bajo muro de piedra que deslindaba los arbustos y estaba en parque abierto. Dos golpes secos sobre el césped siguieron a su propio salto.