El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo —Los tenemos, señor, a los dos —dijo el mayordomo de Hammerpond, el hombre que le habÃa ofrecido el frasco—. Gracias a usted.
Nadie respondió a esta observación. Sin embargo no llegó a comprender cómo se la aplicaban a él.
—Está bastante aturdido —dijo una voz extraña—, el bribón casi lo mata.
El señor Teddy Watkins decidió seguir bastante aturdido hasta comprender mejor la situación. Se percató de que dos de las negras figuras que le rodeaban estaban en pie una junto a la otra con aire abatido y habÃa algo en la posición de los hombros que sugirió a sus experimentados ojos que tenÃan las manos atadas. ¡Dos! Se irguió con la rapidez del rayo. Vació el pequeño frasco y se tambaleó hasta ponerse en pie con la ayuda de unas manos serviciales. Hubo un murmullo de simpatÃa.
—Deme la mano, señor, deme la mano —dijo una de las figuras junto a él—. PermÃtame que me presente. Tengo una gran deuda con usted. Eran las joyas de mi mujer, Lady Aveling, las que atrajeron a estos dos bribones a la mansión.
—Encantado de conocer a su excelencia —dijo Teddy Watkins.
—Supongo que vio a los bribones dirigiéndose a los arbustos y cayó sobre ellos.
—Eso es exactamente lo que pasó —dijo el señor Watkins.