El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo El sueño de Evans pasó al momento en que tenía la coleta de Chang-hi entre las manos. La vida de un chino apenas si es sagrada como la de un europeo. La astuta carita de Chang-hi, primero penetrante y furiosa como una serpiente espantada, y después terrible, traicionera y miserable, se destacó abrumadoramente en el sueño. Al final Chang-hi había puesto una sonrisa burlona, la mueca más incomprensible y sobrecogedora. Bruscamente las cosas se pusieron muy desagradables, como sucede a veces en los sueños. Chang-hi farfulló y lo amenazó. Vio en el sueño montones y montones de oro y a Chang-hi interponiéndose y luchando por retenerlo en su poder. Cogió a Chang-hi por la coleta, ¡qué grande era el bruto amarillo! ¡Y cómo luchaba y se reía! ¡Y además seguía creciendo y creciendo! Luego los relucientes montones de oro se convirtieron en un horno rugiente, y un enorme diablo de un sorprendente parecido con Chang-hi pero con un inmenso rabo negro comenzó a echar carbón. Le quemaron la boca horriblemente. Otro diablo gritaba su nombre: ¡Evans! ¡Evans!, dormilón; o ¿era Hooker? Se despertó. Estaban en la boca de la laguna.
Ahí están las tres palmeras. Tiene que estar en línea con esa mata de arbustos —dijo su compañero—. Fíjate bien. Si vamos hasta esos arbustos y luego nos metemos en el bosque en línea recta desde aquí daremos con ello cuando lleguemos al río.