El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Pero el lector no debe imaginarse, porque haya hablado de gentes rezando durante toda la noche, gentes embarcando y gentes que huían precipitadamente hacia las montañas, que todo el mundo estaba ya aterrado a causa de la estrella. De hecho, la costumbre y la necesidad todavía regían el mundo y, salvo por la charla en momentos de ocio y el esplendor de la noche, nueve de cada diez seres humanos estaban todavía entretenidos en sus ocupaciones habituales. En todas las ciudades las tiendas, excepto alguna por aquí y por allá, abrían y cerraban a las horas acostumbradas, el médico y el funerario ejercían sus oficios, los obreros acudían a las fábricas, los soldados hacían ejercicio, los investigadores estudiaban, los amantes se buscaban, los ladrones acechaban y salían volando, los políticos organizaban sus proyectos. Las rotativas de los periódicos rugían toda la noche y más de un cura de esta o aquella parroquia no abría su sagrado edificio para fomentar lo que consideraba un pánico estúpido. Los periódicos insistían en la lección del año 1000, pues entonces también la gente había previsto el fin del mundo. La estrella no era tal —puro gas—, un cometa, y aunque fuera una estrella no podía chocar contra la Tierra. No había ningún precedente de cosa semejante. El sentido común era tenaz en todas partes, desdeñoso, con burlas y algo inclinado a perseguir al miedoso obstinado. Esa noche, a las 7:15 hora de Greenwich, la estrella estaría en su punto más próximo a Júpiter. Entonces el mundo vería por dónde iban a ir las cosas. Las sombrías advertencias del matemático eran tomadas por muchos como puro y elaborado autobombo. El sentido común por fin, un poco acalorado por las discusiones, dejó sentadas sus inalterables convicciones yéndose a la cama. De la misma manera también, bárbaros y salvajes, cansados de la novedad, se volvieron a sus importantes negocios, y salvo por algún perro que aullaba acá y allá el mundo salvaje se despreocupó de la estrella.