El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Durante un segundo Eudena contempló a los osos, luego vino a sentarse junto a él, mirándolo… Pronto alargó tímidamente la mano y lo tocó y emitió el sonido gutural que constituía su nombre. Él se dio la vuelta y se levantó apoyándose en el brazo. Tenía la cara pálida, como alguien que tiene miedo. La miró fijamente un momento y luego súbitamente se rió.
—¡Guau! —exclamó exultante.
—¡Guau! —replicó ella.
Una conversación sencilla, pero expresiva.
Después Ugh-lomi vino a arrodillarse junto a ella y, apoyado en las manos y las rodillas, miró por encima de la cresta y examinó el desfiladero. Tenía ahora la respiración uniforme y la sangre había dejado de fluir por la pierna, aunque los arañazos que le había hecho la osa estaban abiertos y eran anchos. Se incorporó sentado y se quedó mirando atentamente las huellas de los pies del gran oso cuando llegaron al barranco: eran tan anchas como su cabeza y dos veces más largas. Luego se puso en pie de un salto y caminó por la cara del acantilado hasta que pudo ver el saliente. Allí estuvo sentado un rato pensando mientras Eudena lo observaba. Al poco, ella vio que los osos se habían ido.