El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo No habían estado nunca al aire libre salvo cuando lucía el sol. Todo el tiempo lo habían pasado en las cálidas y ventiladas vías, salones y habitaciones de la ciudad de la época. Para ellos, aquella noche era como si estuvieran en otro mundo, en algún desordenado caos de tensión y tumulto, y casi sin esperanzas de volver a ver de nuevo las vías de la ciudad.
La tormenta parecía durar interminablemente, hasta que por fin se quedaron adormilados entre el restallar de los truenos, y luego, de forma muy rápida, disminuyó y cesó. Y cuando el último gotear de la lluvia desapareció, oyeron un ruido que no les era familiar.
—¿Qué es eso? —gritó Elizabeth.
Sonó otra vez. Eran ladridos de perros. El ruido descendió por la desierta vereda. A través de la ventana, blanqueando la pared que tenían delante y proyectando sobre ella la sombra del marco y la de un árbol de negra silueta, brilló la luz de la luna creciente. Justo cuando la pálida aurora empezaba a hacer visibles las cosas a su alrededor el irregular ladrido de los perros se aproximó de nuevo y cesó. Escucharon. Tras una pausa, oyeron el rápido golpeteo de las patas mientras husmeaban alrededor de la casa y ladridos breves medio sofocados. Luego todo se quedó de nuevo en silencio.
—¡Chisss! —susurró Elizabeth, y apuntó a la puerta de la habitación.