El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo El malayo miró hacia atrás, vio el fusil y se sumergió. Salió tan cerca de la orilla de Bailey que una de las barras del balcón le ocultó un momento. Cuando emergió, el hombre del fusil disparó. El malayo siguió adelante sin parar. Bailey podía ver ahora el pelo húmedo sobre su frente y el cris entre los dientes, y al poco quedaba oculto por el balcón. Esto le pareció a Bailey un error insufrible. Ahora había perdido al hombre para siempre, eso fue lo que pensó. ¿Por qué el muy bruto no podía haberse dejado coger decentemente en la orilla opuesta o ser alcanzado en el agua?
—Es peor que Edwin.[1] —criticó Bailey.
Más allá del río, también, las cosas se habían puesto completamente en blanco. Los siete hombres habían ido de nuevo corriente abajo, probablemente por la barca para seguirle cruzando el río. Bailey escuchó y esperó. Hubo silencio.
—Seguramente no termina así —reflexionó Bailey.
Pasaron cinco, diez minutos. Luego un remolcador con dos barcazas subió corriente arriba. La actitud de sus hombres era la de aquellos que no ven nada destacable ni en la tierra ni en el agua ni en el cielo. Claramente todo el asunto había salido del campo de visión del río. Probablemente la caza se había internado en los bosques de hayas de detrás de la casa.