El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo —No puedes pintar un cuadro sin inspiración —subrayó.
—Pero yo tenía una inspiración para éste.
—¡Inspiración! —se burló la sardónica figura—. ¡Una fantasía que surgió al ver a un organillero mirando a una ventana! ¡Vigilia! ¡Ja, ja! Empezaste a pintar con la esperanza de que se te ocurriera algo, eso es lo que hiciste. Y cuando te vi manos a la obra vine. Quiero charlar contigo.
»Charlar de arte, contigo —continuó el cuadro—. Es un mal asunto, holgazán. No sé qué te pasa, pero no pareces capaz de poner el alma en ello. Sabes demasiado. Eso estorba. En medio de tus entusiasmos te preguntas si no han hecho antes algo como eso. Y..
—Escucha —dijo Harringay, que había esperado algo mejor que crítica del diablo—. ¿Me vas a hablar de técnicas a mí?
Cargó de pintura el pincel del doce de pelo de cerdo.
—El verdadero artista —explicó el cuadro— es siempre un hombre ignorante. Un artista que teoriza sobre su trabajo ya no es artista sino crítico. Wagner… ¡Oye! ¿Para qué es la pintura roja?
—Te voy a despintar —dijo Harringay—. No quiero oír todas esas tonterías. Si piensas que sólo porque soy un artista voy a hablar de técnicas contigo cometes un gran error.