El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo
El bacilo robado y otros incidentes & Cuentos del espacio y del tiempo Pero Harringay tenía ahora la ventaja y estaba decidido a mantenerla. Con rápidos y osados golpes continuó pintando el lienzo que se retorcía hasta que finalmente era un campo uniforme de brillante color gorrión de seto. Una vez la boca reapareció y llegó hasta: «Cinco obras…», antes de que la llenara de barniz, y, cerca ya del final, el ojo rojo se abrió y le lanzó una mirada feroz e indignada. Pero por fin no quedó nada salvo un reluciente panel de barniz secándose. Durante un ratito una leve agitación bajo la superficie lo arrugó ligeramente aquí y allá, pero pronto incluso eso desapareció y el cuadro estuvo perfectamente quieto.
Entonces Harringay —según su propia relación— encendió la pipa, se sentó, miró atentamente el cuadro barnizado y trató de comprender claramente lo sucedido. Luego se dio una vuelta por detrás del cuadro para ver si la parte posterior tenía algo destacable. Fue entonces cuando empezó a lamentar no haber fotografiado al diablo antes de pintarlo.
Ésta es la historia de Harringay, no la mía. La apoya con un pequeño lienzo (24 por 20) barnizado de un verde pálido, y con violentas aseveraciones. También es verdad que nunca ha pintado una obra maestra y en opinión de sus amigos íntimos probablemente no lo haga nunca.