El Dios Jimmy Goggles
El Dios Jimmy Goggles »Como le he dicho, la aurora estaba despuntando y apenas habÃa color en las cosas. Aparte de nosotros no se veÃa ningún ser humano, ni arriba ni abajo del canal. Sólo el Orgullo de Banya, que se encontraba más allá de un grupo de rocas, hacia alta mar.
—No se veÃa ningún ser humano —repitió. Hizo una pausa y continuó:
»No sé de dónde salieron, no me lo explico. Nos sentÃamos tan seguros pensando que nos encontrábamos solos, que el joven Sanders se puso a cantar. Yo estaba dentro de Jimmy Goggles, sólo me faltaba el casco. «Despacio —dijo Always—, ahà está el mástil».
Y, después de echar un vistazo por encima de la borda, cogà la monstruosa cabeza y a punto estuve de caerme al agua cuando el viejo Sanders hizo virar el bote. Una vez que las ventanillas fueron atornilladas y todo dispuesto, cerré la válvula del cinturón neumático para facilitar mi inmersión y salté por la borda, con los pies por delante, pues no tenÃamos escala. La barca se quedó dando tumbos y mis compañeros se inclinaron a mirar el agua mientras mi cabeza se hundÃa entre las algas y la oscuridad que rodeaba el mástil. Creo que nadie, ni el hombre más precavido del mundo, se habrÃa molestado en explorar un paraje tan desolado. Apestaba a soledad.