El Dios Jimmy Goggles
El Dios Jimmy Goggles »Me divertí con aquel misionero. Era un verdadero novato y desentonaba bastante con un hombre como yo. Con voz entrecortada me preguntó que quién era yo, y yo le dije que leyera la inscripción que había a mis pies si quería saberlo. Él se inclinó para leerla, y su intérprete, que era tan supersticioso como cualquiera de los negros, lo interpretó como un acto de adoración y se tiró al suelo como una bala. Mis prosélitos lanzaron un alarido de triunfo, y después de esta jornada quedó claro que en mi tribu no tenía nada que hacer un misionero, ni nadie que se le pareciera.
»Pero, sin duda, fue una estupidez espantarle de esa manera. Si hubiera tenido una pizca de sensatez, le habría hablado inmediatamente del tesoro y nos habríamos asociado en el negocio. Estoy seguro de que se habría asociado. Hasta un niño, después de unas cuantas horas de reflexión, habría descubierto la relación que había entre mi escafandra y el Pionero del Océano. Una semana después de su partida salí por la mañana y divisé el Maternidad, el navío encargado de los trabajos de rescate en el área de Starr Race, que remontaba sondeando el canal. Todo el bendito negocio se había esfumado, y todos mis sacrificios habían sido inútiles. ¡Maldición! ¡Cómo me enfurecí! ¡Para eso había estado haciendo el ridículo en aquel absurdo y hediondo traje de buzo! ¡Durante cuatro meses!