El Dios Jimmy Goggles
El Dios Jimmy Goggles La historia del hombre de piel tostada degeneró otra vez en improperios.
—ImagÃnese —dijo cuando emergió una vez más a la pureza del lenguaje—, ¡cuarenta mil libras esterlinas en oro!
—¿Volvió aquel pequeño misionero? —pregunté.
—¡Oh, sÃ! ¡Pobre bendito! Y apostó su reputación afirmando que habÃa un hombre dentro del dios y se dispuso a demostrarlo con una tremenda ceremonia. Pero allà no habÃa nada… y quedó otra vez como un novato. Yo he odiado siempre las escenas y las explicaciones, y mucho antes de que llegara me habÃa esfumado, dirigiéndome hacia Banya a lo largo de la costa, ocultándome entre los arbustos durante el dÃa y robando comida en los poblados por la noche. Como única arma, una lanza. Ni ropas, ni dinero. Nada. Mi cara era mi fortuna, como reza el dicho. Y ni un penique de las ocho mil libras esterlinas en oro, mi quinta parte correspondiente. Pero los nativos le dieron una buena al sonrosado misionero, gracias a Dios, porque creyeron que habÃa sido él quien habÃa ahuyentado su buena suerte.