El Dios Jimmy Goggles
El Dios Jimmy Goggles —Eso es —dijo—. Se hundió en un maldito canal donde no tenÃa nada que hacer, salvo huir de los piratas. Sucedió antes de que acabaran con ese oficio. Probablemente, en otro tiempo hubo allà volcanes, o algo parecido, pues todas las rocas estaban situadas en lugares inoportunos. Hay zonas en Soona en las que es necesario ir acechando cada roca para adivinar por dónde va a salir la próxima. Se hundió veinte brazas en menos de lo que canta un gallo, con cuarenta mil libras esterlinas en oro a bordo, según se dijo, en polvo o en otra forma.
—¿Hubo supervivientes?
—Tres.
—Ahora recuerdo el caso —dije—. Se hicieron algunos trabajos de rescate…
Al oÃr la palabra rescate, el hombre de piel tostada estalló en improperios con un lenguaje tan extremadamente horrible que me quedé estupefacto. Después bajó el tono, empleando maldiciones algo más ordinarias, pero se contuvo bruscamente.
—Perdóneme —dijo—, pero… ¡rescate!
Se inclinó hacia mÃ.
—Yo participé en aquel trabajo —dijo—. PretendÃa hacerme rico, y en vez de eso, me vi convertido en dios. Yo tengo mis sentimientos…
