El Dios Jimmy Goggles
El Dios Jimmy Goggles —No todo es miel en la vida de un dios —continuó el hombre de piel tostada, y durante un rato siguió hablando por medio de análogos axiomas sentenciosos, pero inútiles. Por fin reanudó su historia.
—Allà estaba yo —dijo el hombre de piel tostada—, y un marinero llamado Jacobs, y Always, el piloto del Pionero del Océano. Fue él quien planeó todo el negocio. Lo recuerdo como si lo estuviera viendo ahora mismo, cuando estábamos en el bote y nos sugirió la idea con una sola frase. TenÃa una prodigiosa habilidad para plantear las cosas. «HabÃa cuarenta mil libras esterlinas en el barco —dijo—, y a mà me toca decir el lugar exacto donde se hundió». No se necesita mucha sesera para comprender lo que eso significaba. Y él fue quien dirigió la cosa, desde el principio hasta el final. Echó mano de los Sanders y de su bergantÃn; eran hermanos, y el bergantÃn se llamaba el Orgullo de Banya. Y compró el traje de buzo; uno de segunda mano con un aparato de aire comprimido en lugar del sistema de bomba. HabrÃa hecho de buzo también si el sumergirse en el agua no hubiera dañado su salud. Y, entretanto, la gente encargada del rescate perdÃa el tiempo con una carta de navegación que él mismo habÃa falsificado —con su solemnidad habitual— por Starr Race, a ciento veinte millas de distancia.
