El Hombre invisible
El Hombre invisible —Era una broma —dijo una voz.
—Era una broma —dijo el señor Marvel.
—Pero lo dice el periódico —señaló el marinero.
—No deja de ser una broma —añadió el señor Marvel—. Conozco al tipo que inventó esa mentira. De todas formas, no hay ningún hombre invisible.
—Y, ¿entonces el periódico? ¿Quiere hacerme creer que…?
—Ni una palabra —dijo el señor Marvel.
El marinero le miró con el periódico en la mano. El señor Marvel escrutó a su alrededor con insistencia.
—Espere un momento —dijo el marinero levantándose y hablando muy despacio—. ¿Entonces quiere decir que…?
—Eso quiero decir —señaló el señor Marvel.
—Entonces, ¿por qué me dejó que le contara todas esas tonterÃas? ¿Cómo permite que un hombre haga el ridÃculo asÃ? ¿Quiere explicármelo?
El señor Marvel resopló. El marinero se puso rojo. Apretó los puños.
—He estado hablando diez minutos… —dijo—, y usted, viejo estúpido, no ha tenido la más mÃnima educación para…
—A ver si mide sus palabras —señaló el señor Marvel.