El Hombre invisible
El Hombre invisible —¿Y qué vamos a hacer nosotros ahora? —dijo Kemp, mirando por la ventana.
Se acercó a su huésped mientras le hablaba, para evitar que éste pudiera ver a los tres hombres que subían a la colina, con una intolerable lentitud, según le pareció.
—¿Qué estabas planeando cuando te dirigías a Port Burdock? ¿Tenías alguna idea?
—Me disponía a salir del país, pero he cambiado de idea, después de hablar contigo. Pensé que sería sensato, ahora que el tiempo es cálido y la invisibilidad posible, ir hacia el sur. Ahora, mi secreto ya se conoce y todo el mundo anda buscando a una persona enmascarada y embozada. Desde aquí, hay una línea de barcos que va a Francia. Mi idea era embarcar y correr el riesgo del viaje. Desde allí, cogería un tren para España, o bien para Argelia. Eso no sería difícil. Allí podría ser invisible y podría vivir. Allí podría, incluso, hacer cosas. Estaba utilizando a aquel vagabundo para que me llevara el dinero y el equipaje, hasta que decidiera cómo enviar mis libros y mis cosas y hacerlos llegar hasta mí.
—Eso queda claro.
—¡Pero entonces el animal decide robarme! Ha escondido mis libros, Kemp, ¡los ha escondido! ¡Si le pongo las manos encima…!
