El Hombre invisible
El Hombre invisible El desconocido entró en el salón del Coach and Horses alrededor de las cinco y media de la mañana y permaneció allí, con las persianas bajadas y la puerta cerrada, hasta cerca de las doce del mediodía, sin que nadie se atreviera a acercarse después del comportamiento que tuvo con el señor Hall.
No debió comer nada durante ese tiempo. La campanilla sonó tres veces, la última vez con furia y de forma continuada, pero nadie contestó.
—Él y su ¡váyase al diablo! —decía la señora Hall.
En ese momento comenzaron a llegar los rumores del robo en la vicaría, y todo el mundo comenzó a atar cabos sueltos. Hall, acompañado de Wadgers, salió a buscar al señor Shuckleforth, el magistrado, para pedirle consejo. Como nadie se atrevió a subir arriba, no se sabe lo que estuvo haciendo el forastero. De vez en cuando recorría con celeridad la habitación de un lado a otro, y en un par de ocasiones pudo escucharse cómo maldecía, rasgaba papeles o rompía cristales con fuerza.
