El Hombre invisible
El Hombre invisible Aquello era lo peor de lo peor. La señora Hall, horrorizada y boquiabierta, después de dar un grito por lo que estaba viendo, salió corriendo hacia la puerta de la posada. Todo el mundo en el bar echó a correr. HabÃan estado esperando cicatrices, una cara horriblemente desfigurada, pero ¡no habÃa nada! Las vendas y la peluca volaron hasta el bar, obligando a un muchacho a dar un salto para poder evitarlas. Unos tropezaban contra otros al intentar bajar las escaleras. Mientras tanto, el hombre, que estaba allà de pie intentando dar una serie de explicaciones incoherentes, no era más que una figura que gesticulaba y que no tenÃa absolutamente nada que pudiera verse a partir del cuello del abrigo.
La gente del pueblo que estaba fuera oyó los gritos y los chillidos y, cuando miraron calle arriba, vieron cómo la gente salÃa, a empellones, del Coach and Horses. Vieron cómo se caÃa la señora Hall y cómo el señor Teddy Henfrey saltaba por encima de ella para no pisarla. Después oyeron los terribles gritos de Millie, que habÃa salido de la cocina al escuchar el ruido en el bar y se habÃa encontrado con el forastero sin cabeza.