El Hombre invisible
El Hombre invisible —Ya —dijo el señor Marvel—. Entonces, ¿es usted una especie de fantasma?
—No, desde luego, no es tan maravilloso como cree.
—Para mi modesta persona, es lo suficientemente maravilloso —respondió el señor Marvel—. ¿Cómo puede arreglárselas? ¿Cómo lo hace?
—Es una historia demasiado larga y además…
—Le digo de verdad que estoy muy impresionado —le interrumpió el señor Marvel.
—En estos momentos, quiero decirle que necesito ayuda. Por eso he venido. Tropecé con usted por casualidad cuando vagaba por ahÃ, loco de rabia, desnudo, impotente. PodrÃa haber llegado incluso al asesinato, pero lo vi a usted y…
—¡Santo cielo! —dijo el señor Marvel.
—Me acerqué por detrás, luego dudé un poco y, por fin…
La expresión del señor Marvel era bastante elocuente.
—Después me paré y pensé: «Éste es». La sociedad también lo ha rechazado. Éste es mi hombre. Me volvà y…
—¡Santo cielo! —repitió el señor Marvel—. Me voy a desmayar. ¿PodrÃa preguntarle cómo lo hace, o qué tipo de ayuda quiere de mÃ? ¡Invisible!