El Hombre invisible
El Hombre invisible —¿Qué? ¿No tiene cuerpo? Vox et…[3] ¿sólo un chapurreo, no es eso?
—No. Soy un ser humano, de materia sólida, que necesita comer y beber, que también necesita abrigarse… Pero, soy invisible, ¿lo ve?, invisible. Es una idea muy sencilla. Soy invisible.
—Entonces, ¿es usted un hombre de verdad?
—SÃ, de verdad.
—Entonces deme la mano —dijo el señor Marvel—. Si es de verdad, no le debe resultar extraño. Asà que… ¡Dios mÃo! —dijo—. ¡Me ha hecho dar un salto al agarrarme!
Sintió que la mano le agarraba la muñeca con todos sus dedos y, con timidez, siguió tocando el brazo, el pecho musculoso y una barba. La cara de Marvel expresó su estupefacción.
—¡Es increÃble! —dijo Marvel—. Esto es mejor que una pelea de gallos. ¡Es extraordinario! ¡Y, a través de usted, puedo ver un conejo con toda claridad a una milla de distancia! Es invisible del todo, excepto…
Y miró atentamente el espacio que parecÃa vacÃo.
—¿No habrá comido pan con queso, verdad? —le preguntó, agarrando el brazo invisible.
—Está usted en lo cierto. Es que mi cuerpo todavÃa no lo ha digerido.