El Hombre invisible
El Hombre invisible Cuando pasó el pánico, la gente del pueblo empezó a sacar conclusiones. Apareció el escepticismo, un escepticismo nervioso y no muy convencido, pero al fin y al cabo escepticismo. Es mucho más fácil no creer en hombres invisibles; y los que realmente lo habÃan visto, o los que habÃan sentido la fuerza de su brazo, podÃan contarse con los dedos de las dos manos. Y, entre los testigos, el señor Wadgers, por ejemplo, se habÃa refugiado tras los cerrojos de su casa, y Jaffers, todavÃa aturdido, estaba tumbado en el salón del Coach and Horses. En general, los grandes acontecimientos, asà como los extraños, que superan la experiencia humana, con frecuencia afectan menos a los hombres y mujeres que detalles mucho más pequeños de la vida cotidiana. Iping estaba alegre, lleno de banderines, y todo el mundo se habÃa vestido de gala. Todos esperaban ansiosos que llegara el dÃa de Pentecostés desde hacÃa más de un mes. Por la tarde, incluso los que creÃan en lo sobrenatural, estaban empezando a disfrutar, al suponer que aquel hombre ya se habÃa ido, y los escépticos se mofaban de su existencia. Todos, tanto los que creÃan como los que no, se mostraban amables ese dÃa.
