El Hombre invisible
El Hombre invisible —Deje el sombrero —contestó el visitante con voz apagada. Cuando la señora Hall se volvió, él habÃa levantado la cabeza y la estaba mirando. Estaba demasiado sorprendida para poder hablar. Él sujetaba una servilleta blanca para taparse la parte inferior de la cara; la boca y las mandÃbulas estaban completamente ocultas, de ahà el sonido apagado de su voz. Pero esto no sobresaltó tanto a la señora Hall como ver que tenÃa la cabeza tapada con las gafas y con una venda blanca, y otra le cubrÃa las orejas. No se le veÃa nada excepto la punta, rosada, de la nariz. El pelo negro, abundante, que aparecÃa entre los vendajes le daba una apariencia muy extraña, pues parecÃa tener distintas coletas y cuernos. La cabeza era tan diferente a lo que la señora Hall se habrÃa imaginado, que por un momento se quedó paralizada.
Él continuaba sosteniendo la servilleta con la mano enguantada, y la miraba a través de sus inescrutables gafas azules.
—Deje el sombrero —dijo hablando a través del trapo blanco.
Cuando sus nervios se recobraron del susto, la señora Hall volvió a colocar el sombrero en la silla, al lado del fuego.
—No sabÃa…, señor —empezó a decir, pero se paró, turbada.