El Hombre invisible
El Hombre invisible —Y ahora —dijo— volvamos a esos libros para ver qué podemos encontrar.
—Un momento —dijo Cuss, echando la llave a la puerta—. Asà no nos interrumpirá nadie.
Alguien respirĂł mientras lo hacĂa.
—Una cosa es indiscutible —dijo Bunting mientras acercaba una silla a la de Cuss—. En Iping han ocurrido cosas muy extrañas estos Ăşltimos dĂas, muy extrañas. Y, por supuesto, no creo en esa absurda historia de la invisibilidad.
—Es increĂble —dijo Cuss—. IncreĂble, pero el hecho es que yo lo he visto. Realmente vi el interior de su manga.
—Pero ¿está seguro de lo que ha visto? Suponga que fue el reflejo de un espejo. Con frecuencia se producen alucinaciones. No sé si ha visto alguna vez actuar a un buen prestidigitador…
—No quiero volver a discutir sobre eso —dijo Cuss—. Hemos descartado ya esa posibilidad, Bunting. Ahora, estábamos con estos libros. ¡Ah, aquà está lo que supuse que era griego! Sin duda, las letras son griegas.