La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Él dijo que así era y procedió a señalar que las posibilidades de la vivisección no terminan en la simple metamorfosis física. A un cerdo se le puede educar. La estructura mental es aún menos determinada que la corporal. La ciencia del hipnotismo, cada vez más cultivada, parece apuntar a la posibilidad de sustituir viejos instintos inherentes por sensaciones nuevas. De hecho, gran parte de lo que llamamos educación moral es una transformación artificial y una perversión del instinto semejante a las obtenidas bajo hipnosis; la belicosidad se domestica y se convierte en valeroso instinto de sacrificio, mientras que la sexualidad reprimida se transforma en emoción religiosa. Y la gran diferencia entre el hombre y el mono reside en la laringe, según dijo, en la incapacidad para pronunciar con delicadeza diferentes símbolos sonoros que actúan como soporte del pensamiento. En esto no estuve de acuerdo con él, pero, no sin cierta descortesía, hizo caso omiso de mi objeción. Insistió en que era así y continuó con el relato de sus trabajos.
Le pregunté por qué había tomado como modelo al ser humano. Entonces me pareció, y aún hoy sigue pareciéndomelo, que aquella elección encerraba una extraña perversidad.
Confesó que todo había sido fruto de la casualidad.