La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau —También habrÃa podido dedicarme a convertir ovejas en llamas y llamas en ovejas. Supongo que la figura humana tiene algo que atrae al espÃritu artÃstico más que cualquier otra forma animal. Pero no me he limitado a la creación humana. En un par de ocasiones… —se quedó callado, casi durante un minuto—. ¡Estos años! ¡Cómo han pasado! Hoy he perdido todo un dÃa para salvarle a usted la vida, y ahora estoy perdiendo una hora explicándole mi punto de vista.
—Pero —dije yo— sigo sin comprender. ¿Cómo puede justificar el dolor que causa? Lo único que a mi entender podrÃa excusar la vivisección serÃa alguna aplicación…
—Precisamente —interrumpió—. Pero yo soy diferente. Partimos de bases diferentes. Usted es materialista.
—Yo no soy materialista —comencé a decir acaloradamente.
—Para mÃ, sÃ. Para mÃ, sÃ. Porque es precisamente la cuestión del dolor lo que nos divide. Desde el momento en que la visión o la audición del dolor le pone enfermo, desde el momento en que su propio dolor le arrastra, desde el momento en que el dolor es la razón fundamental de sus premisas sobre el pecado, desde ese momento, es usted un animal; un animal que piensa, con un poco más de claridad, lo que un animal simplemente siente. Ese dolor…