La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Ante aquel sofisma, me encogà de hombros con impaciencia.
—¡Pero eso es una naderÃa! Una mente realmente abierta a las enseñanzas de la ciencia debe comprender que es insignificante. Puede ser que, salvo en este pequeño planeta, en esta partÃcula de polvo cósmico que desaparecerá mucho antes que pudiéramos alcanzar la estrella más próxima, puede ser, digo, que en ningún otro lugar exista eso que llamamos dolor. Pero las leyes hacia las que caminamos a tientas… ¿Por qué existe el dolor, en esta tierra, entre los seres vivos?
Mientras hablaba, se sacó del bolsillo una pequeña navaja, la abrió y movió la silla para mostrarme el muslo. Luego, escogiendo deliberadamente un lugar adecuado, hundió la hoja en la pierna y la sacó inmediatamente.