La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Tres aves marinas se disputaban una presa encontrada en la playa.
De pronto oí un disparo muy lejano, por detrás del recinto. Luego, un largo silencio y después otro disparo. A continuación se oyó una especie de aullido más cercano y otro lúgubre silencio. Mi pobre imaginación comenzó a funcionar febrilmente para atormentarme. Sonó otro disparo muy cercano.
Sobresaltado, fui hasta la esquina y vi a Montgomery con el rostro congestionado, el pelo alborotado y el pantalón desgarrado a la altura de la rodilla. Su rostro denotaba una profunda consternación. Tras él venía su ayudante, M’ling, con unas inquietantes manchas oscuras alrededor de la boca.
—¿Ha vuelto? —preguntó Montgomery.
—¿Moreau? —dije yo—. No.
—¡Dios mío! —estaba jadeando, casi sollozaba por la falta de aliento—. Entre en la casa. Se han vuelto locos. Andan todos corriendo por ahí como locos. ¿Qué habrá pasado? No lo sé. Se lo diré cuando recupere el aliento. ¿Dónde hay un poco de coñac?