La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Nos adentramos por un frondoso sendero que discurrÃa hacia el noroeste entre la exuberante vegetación de la isla. M’ling se detuvo de pronto y se puso rÃgido, en posición de alerta. Montgomery casi tropezó con él y también se detuvo. Entonces, aguzando el oÃdo, nos llegó entre los árboles un ruido de voces y de pasos que se acercaban.
—Está muerto —dijo una voz profunda y vibrante.
—No está muerto, no está muerto —farfulló otra.
—Lo hemos visto, lo hemos visto —insistieron varias voces.
—¡Eh! —gritó bruscamente Montgomery—. ¡Los de ahÃ!
—¡Malditos sean! —dije yo, empuñando la pistola.