La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Por fin nos dirigimos hacia el extremo oeste de la isla. Allí encontramos el cuerpo roído y mutilado del puma con el omóplato destrozado por una bala y, a unos veinte metros de distancia, hallamos por fin lo que buscábamos. Moreau yacía boca abajo en un cañaveral pisoteado.
Tenía una de las manos prácticamente colgando y el pelo plateado empapado en sangre. Sin duda, el puma le había golpeado en la cabeza con los grilletes, y todas las cañas a su alrededor estaban salpicadas de sangre. No encontramos su revólver.
Montgomery le dio la vuelta.
Descansando de vez en cuando y ayudados por los siete Salvajes —pues pesaba bastante— lo llevamos hasta el recinto. Empezaba a oscurecer. En dos ocasiones oímos a nuestro paso los aullidos de las criaturas invisibles de la selva. El Perezoso apareció un momento, nos miró y desapareció de nuevo. Pero no volvimos a ser atacados. A las puertas del recinto, la comitiva de Monstruos nos abandonó. M’ling también se fue con ellos. Nos encerramos, sacamos al patio interior el cuerpo mutilado de Moreau y lo depositamos sobre un montón de leña.
Luego entramos en el laboratorio y acabamos con todo bicho viviente.