La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau El Monstruo Gris se apartó de un salto. M’ling corrió hacia él lanzando un gruñido, pero fue derribado de un golpe. Montgomery disparó y erró el tiro. Luego inclinó la cabeza, levantó el arma y salió corriendo. Entonces yo disparé, pero la fiera siguió avanzando como si tal cosa. Volví a disparar y esta vez hice blanco en su horrible cara. Sus rasgos se borraron en un santiamén. Sin embargo, pasó a mi lado, se agarró a Montgomery y, colgado de él, cayó de bruces, arrastrándolo en su caída.
Me encontré solo con M’ling, un animal muerto y un hombre postrado. Montgomery se incorporó despacio y, aturdido, contempló a la bestia destrozada que yacía a su lado. El susto le había quitado la borrachera. Se puso en pie de un salto. Vi al Monstruo Gris que se acercaba sigilosamente entre los árboles.
—Mira —dije, señalando a la bestia muerta—. ¿No está viva la Ley? Esto le ha pasado por quebrantar la Ley.
Observó atentamente el cadáver y luego, con voz profunda y repitiendo parte del ritual, dijo:
—Él envía el fuego que mata.
Los demás también se acercaron a mirar.