La isla del doctor Moreau
La isla del doctor Moreau Corrieron asustados hacia la orilla, dejando largas estelas negras en el agua plateada. Al llegar a la arena se detuvieron y volvieron la cabeza hacia el mar, como si temiesen que Montgomery pudiese resurgir exigiendo venganza.
—Y ahora éstos —dije, señalando a los otros cadáveres.
Se cuidaron mucho de no acercarse al lugar donde habÃan arrojado a Montgomery y arrastraron los cadáveres unos cien metros por la playa antes de vadear para echarlos al agua.
Mientras observaba cómo se deshacÃan de los restos mutilados de M’ling, oà un ligero ruido de pasos a mis espaldas, y, volviéndome bruscamente, vi al enorme Cerdo Hiena a unos diez metros de mÃ. TenÃa la cabeza gacha, los ojos brillantes clavados en mà y las gruesas manos deformes pegadas al cuerpo. Al volverme cambió la postura de acecho y desvió ligeramente la mirada.
Nos miramos fijamente a los ojos un momento. Solté el látigo y saqué la pistola del bolsillo. Estaba dispuesto a matar a aquella bestia, la más temida de cuantas quedaban en la isla, al menor pretexto. Podrá parecer una vileza, pero ésa era mi intención. Le tenÃa mucho más miedo a él que a cualesquiera otros dos Monstruos juntos. Su supervivencia, no me cabÃa duda, era una amenaza para la mÃa.